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Internacional El paso a la vida en el Más Allá Los seres humanos de ho

Jornal de Espiritismo nº 16 · Maio 2006Página 195 min

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Internacional El paso a la vida en el Más Allá Los seres humanos de hoy en día estamos tan inmersos en nuestro ritmo de vida, que apenas si tenemos tiempo para respirar cor- rectamente. Esto podemos verificarlo en las consultas de los profesionales de la salud, donde tantos casos llegan con problemas de stress y ansiedad. La vida humana se convierte así en un gran mercado donde todo se compra y se vende, y el consumismo nos arrastra inevi- tablemente al sufrimiento y al dolor, hacié- ndonos olvidar los valores morales hacia los cuales el ser humano debe encaminarse, en su ascensión hacia la perfección moral que nos acerque algún día al Creador.

Uno de los aspectos que el ser humano no tiene tiempo de ocuparse es precisa- mente de su transición hacia la vida en el más allá. Sabiendo que la muerte es la meta de la vida, ¿Porqué no ocuparnos un poco de tan grave asunto? Al menos intentar estar preparados para el camino que inevitable- mente debemos continuar. Hay muchas personas que a lo largo de la historia nos han ido dejando enseñanzas al respecto, aunque en opinión de muchos “nadie ha venido para contarlo”.

En realidad están continuamente viniendo a decírno- slo, a persuadirnos y a darnos esperanzas de que hay vida después de la vida y que debemos prepararnos para evitar sufrimien- tos psíquicos serios y grandes preocupa- ciones. El doctor Raymon Moody, en su libro vida después de la vida, nos relata un buen nu- mero de casos de personas que estando en trance de muerte clínica durante algunos minutos, al volver a la vida tras ser reanima- dos nos cuentan sus experiencias al otro lado.

Claro que para algunos esto es como decir, “pero no estaban muertos de verdad”. Después de años de estudio e investi- gación, se ha podido verificar como per- sonas de diferentes épocas, culturas, nivel social y situación geográfica, a través de la más variada fenomenología para-psíquica, nos han dejado infinidad de muestras, para que vallamos desarrollando nuestra mente hacia capacidades psíquicas aun insospechadas.

Algún día la ciencia nos descubrirá estos enigmas de hoy, pero sin duda leyes naturales del mañana. El Dr. Karl Nowotny, doctorado en neurología y psiquiatría, y Catedrático en la universidad de Viena, recibió en 1960, la medalla de Oro al Mérito de la República Austriaca. El 18 de abril de 1.965, el profe- sor Nowotny abandonó el mundo material, para unos meses más tarde, volver a tomar contacto con nosotros por la vía medium- nica.

Éste es un fragmento de uno de sus numerosos mensajes en el que nos relata como fue su transito a la Vida en el Más Allá. Era un día de primavera y me encontra- ba en el campo, en mi finca que habitaba pocas veces. Mi salud dejaba que desear, pero no guardaba cama, sino que salí a pa- sear con unos amigos. Era una bonita tarde. En el momento de salir, me sentía cansado y pensé que no podría ir. Pero me animé. Y he aquí que de repente me sentí completa- mente sano y fresco.

Salí corriendo y respiré profundamente el aire puro, sintiéndome tan alegre como no me había sentido desde hacía mucho tiempo. Pensé ¿Qué me ha pasado? ¡Ya no tengo molestias, ni cansancio, ni problemas de respiración! Volví junto a mis amigos, pero ¿qué era esto? Estando allí me veía al mismo tiempo tendido en el suelo. Los amigos desespera- dos y excitados, llamaron a un médico y fueron a buscar un coche. Yo por mi parte había sanado y no tenía dolor alguno.

No podía entenderlo. Toqué el corazón de aquel que estaba allí en el suelo; ya no latía, había fallecido. No podía creerlo ¡me sentía tan vivo! Dirigí la pa- labra a mis amigos, pero ni me veían ni me contestaban. Entonces me enfadé y me alejé. Sin embargo, algo me hacía volver una y otra vez. No era un espectáculo grato para mí, aquellos amigos tristes que lloraban, que no querían escucharme, y este cuerpo muerto ante mí, cuando yo asimismo me sentía totalmente bien.

Y mi perro, que aullaba desesperada- mente, sin saber hacia quien ir, pues me veía aquí y allá. Después de las formalidades de haberse depositado mi cuerpo en un ataúd, supe que debía haber muerto. Pero todavía no quería creerlo. Fui a ver a mis colegas a la Universidad, pero no me veían y no con- testaban a mi saludo. Estaba ofendido, ¿qué hacer? Me fui a la montaña donde vive Grete. Estaba allí sentada, triste, y tampoco me oía.

No había nada que hacer, tenía que reconocer la verdad. En el mismo instante en que estuve consciente de haber abandonado el mundo terrenal, vi a mi buena madre. Vino radiante a mí, y me dijo que ahora me encontraba en el Más Allá – no usando estas palabras, pues éstas sólo existen en lo terrenal – Para nosotros el Más Allá es el aquende, el mundo maravilloso por el cual vale la pena soportar los sufrimientos del mundo terrenal.

Pero todavía no podía creer que era así, y pensaba que estaba soñando. El apego al mundo material es tan fuerte, o mejor dicho, estaba yo tan apegado al mundo terrenal, que aún mucho tiempo después, cuando ya tenía la posibilidad de hablar a través de Berta – nuestro primer médium – seguía pensando que todo era un sueño. Sólo poco a poco pude reconocer mis errores, que seguían conmigo sin excep- ción, y muy a la vista evidentemente.

Lucha precisamente en contra de lo que veía pudiese ser verdad. Este dilema me hacía francamente infeliz. Como cada ser, también yo tenía un buen espíritu guía. Me ha introducido en todas las maravillas del otro mundo, me ha per- mitido echar una mirada hacia arriba y me ha mostrado hasta qué altura me es posible subir si lucho contra mis errores arraigados, y si dedico mi existencia al progreso. No me es posible describir de qué tipo son estas maravillas y cómo las plasmaría con los ojos terrenales.

No hay nada comparable en la tierra, sólo podría hacer comparaciones mezquinas. No he dudado mucho, ni he resistido por mucho tiempo a la verdad. No mucho en comparación con aquellos que no confían en su guía, y que consideran la vida terrenal como la existencia más valiosa. A menudo algunos están muchos decenios antes de sentar cabeza, y siguen apegados con todos sus pensamientos y sentimientos al mundo material, demorando así su pro- greso.

Aunque ni ellos pueden impedirlo. Sólo pueden retrasarlo. Ahora sí, vivir en este estado es un tor- mento, porque estando entre sus amigos y seres queridos en la tierra, éstos ni les oyen ni les ven. Ellos mismos no pueden saborear ningún placer terrenal ni disfrutar de con- suelo espiritual alguno. Una persona que sabe que hay una supervivencia después de la muerte terrenal y que confía en ser guiada hacia el otro mundo, en ser recibida allí, lo pasa mucho mejor, y se ahorra este tiempo de espera y de transición que hace sufrir...

¡Bien! Ahora la reflexión y las conclusiones las dejo a su gusto. Joaquín Huete Puerta Asociación de Estudios Espiritas de Beni- dorm grupodharma@benidorm.