Internacional El temor a la Muerte Cada vez que vemos en las noticias
Jornal de Espiritismo nº 18 · Setembro 2006Página 195 min
todos esos casos dramáticos de desastres natu- rales, guerras, crímenes y accidentes; no podemos dejar de pensar en que tipo de muertes tan atroces, terribles y dolorosas. Este tipo de información en forma de refle- xión de pensamientos con los que ali- mentamos nuestro subconsciente, son los que nos producen el temor a las circunstan- cias que rodean la muerte.
¿Quién no ha deseado alguna vez que el día que nos llegue la hora, sea plácida- mente en el sueño, en nuestra cama mien- tras descansamos?. Forma ésta de intentar eludir ese tremendo temor que nos pro- duce la sensación del dolor y el sufrimiento. Si analizáramos con detenimiento el finísimo espacio de tiempo que hay entre este lado y el otro, nos daríamos cuenta que la muerte en sí no es dolorosa. Todo dolor y sufrimiento pertenece a este plano de vida física.
Basta echar una ojeada a los hospitales donde las personas sufren por diversos motivos: traumatismos, partos, enfermedades degenerativas, quemaduras accidentes etc. y sin embargo pasado un tiempo se recuperan y continúan viviendo con aparente normalidad. ¿Acaso no es éste el verdadero sufrimiento?. Para muchos el momento de la muerte no es un momento de dolor, sino más bien de liberación del dolor. Sin embargo los arquetipos con los que hemos alimentado nuestra mente nos atenazan de pánico y solemos decir: ¡Que horror morir quemado!.
¡Que malo tiene que ser morir ahogado! etc... En el “Libro de los espíritus” obtenemos las siguientes respuestas ofrecidas por los espíritus a las cuestiones que les fueron planteadas por Allan Kardec. 154.- ¿Es dolorosa la separación del alma y del cuerpo? - No, y a menudo sufre más el cuerpo durante la vida que en el momento de la muerte, pues el alma no toma parte alguna. Los sufrimientos que a veces se experi- mentan en el momento de la muerte, son un placer para el Espíritu, que ve llegar el termino de su destierro.
En la muerte natural, que proviene de la extinción de los órganos a consecuencia de la edad, el hombre abandona la vida sin notarlo. Es como una lámpara que se apaga por falta de aceite. 156.- La separación definitiva del alma y del cuerpo, ¿Puede verificarse antes de que cese completamente la vida orgánica? - A veces en la agonía el alma ha aban- donado ya el cuerpo, no existiendo más que la vida orgánica. El hombre no tiene ya conciencia de sí mismo, y sin embargo, le queda aún un soplo de vida.
El cuerpo es una máquina que hace funcionar el corazón y que existe mientras éste hace que circule la sangre en las venas, no teniendo necesi- dad para ello del alma. 161.- ¿En la muerte violenta o accidental, no estando aún debilitados los órganos por la edad o las enfermedades, la separación del alma y la cesación de la vida se verifica simultáneamente? - Así sucede generalmente; pero en todos los casos es muy corto el instante que las separa.
Para tratar de desmitificar y aclarar el miedo a la muerte, veamos que nos cuentan desde el otro lado en este breve mensaje extraído del libro “ La Crisis de la Muerte” del autor Ernesto Bozano. Se sabe que Edmonds era un notable médium psicógrafo, parlante y vidente de origen judío de mitad del siglo XIX. Algunos meses después de la muerte accidental de su compadre, el judío Peckam, a quien él estimaba mucho, se dio el caso de que Edmonds escribiera un largo mensaje, en el cual su amigo muerto refería las circunstan- cias de su muerte.
Los pasajes siguientes están sacados de dicho mensaje: Si hubiese podido escoger la forma de desencarnar, ciertamente no hubiese escogido la que el destino me impuso. Aunque ahora, en el presente, no me quejo de lo acontecido, dada la naturaleza mara- villosa de la nueva existencia que se abrió súbitamente ante mí. En el momento de la muerte, reviví como en un panorama, los acontecimientos de mi existencia. Todas las escenas, todas las acciones que yo hice pasaron delante de mi vista, como si se hubiesen grabado en mi mente, en fórmulas luminosas.
Ni uno solo de mis amigos, desde la infancia hasta la muerte, faltó a la llamada. Cuando me hundí en el mar, llevando en los brazos a mi mujer, se me aparecieron mi padre y mi madre, y fue esta última la que nos sacó del agua, haciendo muestra de una energía cuya naturaleza solo ahora comprendo. No recuerdo haber sufrido. Cuando me sumergí en las aguas, no experimenté sen- sación alguna de miedo, ni siquiera de frío o de asfixia.
No me acuerdo de haber oído el estruendo de las olas quebrando sobre nuestras cabezas. Me desprendí del cuerpo casi sin darme cuenta y, siempre abrazado a mi mujer, seguí a mi madre que había venido para acogernos y guiarnos. El primer sentimiento triste no me asaltó hasta que no dirigí el pensamiento hacia mi querido hermano, por ello mi madre, sintiendo mi inquietud, me anunció “Tu hermano tampoco tardará mucho en estar con nosotros.
” A partir de ese instante toda sensación de tristeza desapareció de mi espíritu. Pensaba en la escena dramática, que acababa de vivir, únicamente con el propósito de socorrer a mis compañeros de desgracia. De inmediato vi que estaban saliendo de las aguas del mismo modo que yo lo hacía. Todos los objetos me parecían tan reales a mí alrededor que, sino hubiese sido por la presencia de tantas personas que sabía muertas, habría corrido al lado de los náufragos.
Quise informarte de todo esto a fin de que puedas trasmitir una palabra de consuelo a los que imaginan que sus seres amados y desaparecidos conmigo, su- frieron agonías terribles al verse presas de la muerte. No tengo palabras para describirte la felicidad que sentí cuando vi llegar a mi encuentro, una a una, las personas que más amé en la Tierra acudiendo a darme la bien- venida a las esferas inmortales. No habien- do estado enfermo y no habiendo sufrido, fácil me fue adaptarme inmediatamente a las nuevas condiciones de existencia...
En este episodio ocurrido en los primeros tiempos de las recopilaciones de mani- festaciones mediúmnicas, ya se observan muchos detalles fundamentales, concer- nientes a los procesos de desencarnación del Espíritu, los cuales serán después constantemente confirmados, en todas las revelaciones del mismo género. Señalemos todavía otro detalle: el de encontrar, el Espíritu desencarnado, al llegar al umbral de su nueva existencia, para aco- gerlo y guiarlo, a otros Espíritus de muertos, que son generalmente sus parientes más próximos, pero que también pueden ser sus más queridos amigos, o los “Espíritus-guías”.
Joaquín Huete Puerta Asociación de Estudios Espiritas de Benidorm, grupodharma@benidorm.
