Internacional La mediumnidad como camino, no como fin En la cabecera d
Jornal de Espiritismo nº 15 · Março 2006Página 197 min
Internacional La mediumnidad como camino, no como fin En la cabecera del Libro de los Espíritus encontramos: Filosofía Espiritualista y a continuación, el título de la obra básica del Espiritismo conteniendo 1018 preguntas y respuestas distribuidas en cuatro libros. Kardec fue muy preciso en su introducción cuando define “Para las cosas nuevas se necesitan nuevas palabras”. Puntualizando más tarde que “cualquiera que crea tener en sí algo más que la materia es un espiritua- lista.
Pero no se sigue de ello que crea en la existencia de los Espíritus o en sus comu- nicaciones con el mundo visible”. De ahí la necesidad de crear una nueva palabra que definiera la Doctrina de los Espíritus. En un párrafo posterior encontramos la afirmación “Como especialidad, EL LIBRO DE LOS ESPÏRITUS contiene la Doctrina Espírita. Como generalidad, se vincula a las doctrinas espiritualistas, una de cuyas fases presenta.
Tal la razón por la que trae, a la cabeza de su título, las palabras Filosofía Espiritualista”. Si seguimos observando la portada de dicha obra, encontramos que justo debajo del título dice: “Conteniendo los principios de la Doctrina Espirita sobre la inmortalidad del alma, la naturaleza de los espíritus y sus relaciones con los hombres, las leyes mo- rales, la vida presente, la vida futura y el por- venir de la humanidad.
Según la enseñanza impartida por los Espíritus superiores, con ayuda de diversos médiums. Recopilados y ordenados por Allan Kardec”. A lo largo de toda la obra y siguiendo un método didáctico y absolutamente lógico basado en preguntas y respuestas e inter- calando explicaciones, encontramos los principios de la Doctrina Espiritista mostrán- donos con claridad y precisión la realidad del mundo espiritual, huyendo de abstrac- ciones y basándose en una investigación ra- cional y experimental como nunca antes se había hecho.
Los detalles del mundo de los espíritus, la lógica con que se describen las Leyes Naturales o Divinas, los mecanismos de la mediumnidad y las consecuencias morales de su estudio profundo, hacen del Espiritismo una Doctrina que marca el antes y el después del conocimiento del mundo espiritual. Todo ello, podemos complemen- tarlo con la lectura de los libros posteriores de la Codificación Espiritista y otras obras complementarias.
El estudio del Espiritismo es como una asignatura que nunca termina puesto que nos brinda sus enseñanzas en la medida que nosotros vamos entendiéndolas, asimi- lándolas y transformando así nuestras vidas. De este modo, por mucho que hayamos leído varias veces el mismo Libro de los Espíritus, siempre encontramos nuevos aspectos que antes nos pasaron desaperci- bidos y que se nos descubren de acorde con nuestras necesidades.
Es por eso que el Espiritismo es una Doctrina viva porque sigue el ritmo de la ciencia, afirmando que ella (la ciencia) será la encargada de confirmar, ampliar o corregir los postulados espiritistas. Pero, a pesar de la claridad de sus funda- mentos, de la nitidez del verdadero objetivo del Espiritismo que es la autransformación hacia la integración como seres físicos, emocionales y espirituales a través del conocimiento de las Leyes Naturales que rigen el Universo; a pesar de las comproba- ciones científicas que se siguen haciendo, las cuales todavía no han desmentido ninguno de los principios que el Espiritismo defiende desde 1857,… a pesar de todo ello, seguimos confundiendo Medium- nismo con Espiritismo.
Y es que la Mediumnidad tiene un poder de fascinación elevadísimo. Creernos poseedores de un “don” que nos permite comunicarnos con los espíritus, es como casi “saberlo todo sin tener que ir a escuela” porque, evidentemente, ya nos enseñan los espíritus (seguimos escuchando ésta justificación dentro mismo de los propios círculos espiritistas), pero esto sólo demues- tra la falta de estudio de la Doctrina de los Espíritus.
La Mediumnidad como tal, es un hecho innegable que pertenece a la propia na- turaleza humana y que por tanto, no tiene ningún otro secreto que el de educarla para que se convierta en una herramienta más de ayuda a uno mismo y a nuestros seme- jantes, tanto encarnados como desencarna- dos. Día llegará que la mediumnidad, tal y como la conocemos ahora, no será más que un recuerdo, como hoy lo son el fenómeno de las mesas giratorias o mesas danzantes, por lo tanto no hay que enfatizarla más de lo estrictamente necesario.
Pero como decíamos antes, dentro de los espiritistas poco instruidos, por no hablar de los que desconocen los postulados de la Doctrina, (y éstos últimos estarían exentos de “culpabilidad” porque al que no sabe no puede pedírsele explicaciones), ser médium es ser afortunado porque tienes un “don”, un “poder” que te han concedido para per- mitirte contactar con los espíritus y “hacer el bien”, -como si el bien dependiera de la mediumnidad otorgada por “gracia divina”, y no de la libre elección y acción personal e individual.
Entonces es cuando la gente quiere escuchar anécdotas, casos, vivencias y demás experiencias para sentir la impor- tancia de la mediumnidad, fascinándose en relatos que les distraen de la verdadera finalidad del Espiritismo. La mediumnidad es el laboratorio donde el Espiritismo analiza, cuestiona, estudia, ob- serva y razona todo lo que de ella surge, ex- trayendo no sólo conocimientos científicos y filosóficos, sino consecuencias morales que ofrecen al ser humano el camino de la transformación interior.
Muchas son las personas que se acercan al Espiritismo para encontrar la comunicación del familiar/amigo/conocido que partió ya hacia el mundo espiritual. Muchas son las que siguen interesándose por la Doctrina de los Espiritus, esperando hallar la clave para desarrollar su supuesta mediumnidad. Acostumbrados como estamos a vivir en un medio inmediatista, donde esperamos sa- tisfacer nuestros deseos con avidez, sin res- petar ni esperar los ciclos naturales (incluso adelantamos y programamos partos para que coincidan con fechas que nos van bien para eso o aquello), la mediumnidad se nos aparece como una “facultad o privilegio divino”, pretendiendo incluso en algunos casos, llegar a vivir de ella, puesto que hemos nacido con “esa gracia divina” para ayudar al prójimo.
En definitiva: queremos vivir la vida a nuestra medida y bajo nuestro control, satisfaciendo nuestros defectos de carácter disfrazados de buenas intenciones. Pero el Espiritismo no se nutre de buenas intenciones y conoce muy bien la natura- leza compulsiva, rebelde y manipuladora del ser humano. Por eso viene a mostrarnos la realidad del mundo espiritual, para trans- formarnos en seres integrales y dejar de ser títeres esclavizados a nuestros deseos inme- diatos.
La mediumnidad, por tanto, como parte integral del ser humano, requiere de atención y dedicación, de escucha silen- ciosa y de observación, de análisis y estudio, porque nos habla desde un lenguaje al que no estamos acostumbrados a escuchar: el lenguaje del alma. No es que sea un lenguaje complicado en sí, pero requiere tiempo, paciencia y perseverancia aprender a reconocerlo. Todo aquel que busca el inmediatismo, está predestinado al fracaso y a la negación de su verdad.
En Espiritismo, la mediumnidad no es un fin en sí, sino un camino que hay que andar junto con el estudio constante y la puesta en práctica de las consecuencias morales que se desprenden de las Leyes de Dios. El Espiritismo, apoyado en la mediumnidad pero no sólo en ella, sino en la ciencia, el conocimiento, la observación, el análisis, la investigación y, sobre todo, la lógica y la razón, nos muestra un camino muy amplio que no está sujeto a los intereses pueriles y simples de multitud de personas que proclaman “hacer Espiritismo”, porque el Espiritismo no se hace, se siente.
El Espi- ritismo no se practica, se vive. Reducir el Espiritismo al Mediumnismo es como decir que el agua del mar está encerrada en una concha marina porque nos parece oír las olas en su interior. La mediumnidad es un hecho innegable pero no es ninguna panacea donde uno puede lucir sus trajes más bonitos adorna- dos de reluciente humildad. La mediumni- dad es la herramienta divina que Dios ha dispuesto a todo ser humano para que se reconozca como ser inmortal, individual pero no solitario, sino unido a una gran familia que es la Creación.
De la misma manera que en nombre de Dios se han hecho verdaderas barbaridades (torturas, guerras, asesinatos,…), podemos afirmar que en nombre de la mediumnidad se siguen haciendo atrocidades donde los seres humanos (encarnados o desencar- nados) permanecen atados a sus propias consecuencias. Sólo el estudio serio y me- ticuloso de la mediumnidad puede llevar claridad a tanto oscurantismo. Desde que el hombre es hombre, ha existo la mediumnidad.
Ha sido pasto de transacciones, de pactos, comercio, venta de intereses y negocio de poderes, pero el Espiritismo viene a decir ¡BASTA YA DE TANTA IGNORANCIA!!!. La mediumnidad, debe ser entendida y comprendida como herramienta de amor y no de oscuridad. Sólo el estudio y la práctica correcta a la luz del Espiritismo, podrán rescatar las deudas que venimos arrastrando desde siglos atrás. Retomando la cabecera del Libro de los Espíritus, cuando dice “Conteniendo los principios de la Doctrina Espirita sobre la inmortalidad del alma, la naturaleza de los espíritus y sus relaciones con los hombres, las leyes morales, la vida presente, la vida fu- tura y el porvenir de la humanidad”, afirma- mos que el estudio serio del Espiritismo nos eximirá de la ignorancia y nos capacitará para el entendimiento de nuestra natura- leza esencial, aportando Luz donde todavía hay oscuridad.
Paz para todos. El Libro de los Médiums (1861); El Evangelio según el Espiritismo (1864); El Cielo y el Infi- erno o la Justicia divina según el Espiritismo (1865); El Génesis, los Milagros y las Predic- ciones según el Espiritismo (1868).
