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Jornal de Espiritismo nº 8 · 2005Página 224 min

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a Divina que nos faz crer em Deus, mostra, de forma inequívoca a causa para as injustiças sociais, para as diferenças gritantes que muitas vezes nos molestam, em suma o Espiritismo diz-nos: “Fé inabalável só o é a que pode encarar frente a frente a razão, em todas as épocas da Humanidade”. (Allan Kardec) À guisa de conclusão diremos: Valeu a pena e do mais íntimo de cada um de nós gritamos por entre o silêncio do Universo: Meu Deus, obrigado pela oportunidade ímpar que nos ofereceste, colocando no nosso caminho uma doutrina que nos faz ver a vida de forma diferente, e ao mesmo tempo nos faz saber que nenhuma lágrima é derramada inutilmente...

Texto: Manuel Fernando, Escola de Beneficência e Caridade Espírita (S. João de Ver) Existiendo una gran bibliografía doctrinaria y mediúmnica sobre la obsesión vamos a tratar de sintetizar aquellas partes que sino sabemos ya deberíamos de conocer sobre este mal generalizado en las sociedades y en las personas de todos los tiempos.

Preg. 459 del Libro de los Espíritus.- ;Influyen los Espíritus en nuestros pensamientos y acciones? -Bajo este aspecto su influencia es mayor de lo que creéis; porque a menudo son ellos quienes os dirigen. La obsesión es la influencia perniciosa de los malos espíritus sobre algunas personas con el fin de someterlas a su voluntad y dirigirlas, bien por el placer que experimentan causando dafo o bien por venganza del pasado.

Cuando los espíritus buenos o malos quieren influenciar a alguien positiva o negativamente envuelven el periespíritu de las personas, como si fuese una capa; entonces, compenetrándose los dos fluidos, los dos pensamientos y las dos voluntades se confunden, y el espíritu puede entonces servirse de ese cuerpo como el suyo propio, haciéndole obrar a su voluntad, hablando, escribiendo, etc. Si es perverso e inicuo, arrastra a la persona cual si la tuviera dentro de una red, paraliza su voluntad y aun su juício;...

en una palabra le magnetiza, le produce la catalepsia moral, y entonces el individuo se convierte en ciego instrumento de sus gustos. Tal es la causa de la obsesión, de la fascinación y de la subyugación, vulgarmente lIlamada posesión. Las obsesiones siempre existieron por el sencillo hecho de que siempre hubo espíritus. Aumentando el peligro cuando menos se conoce la causa de estas perturbaciones. El Espiritismo no ha traído los malos espíritus; ha descorrido el velo que los cubriía y ha dado los medios de paralizar su acción.

Gracias a la mediumnidad es que se ha descubierto la presencia de estos enemigos ocultos. Habiendo malos que obsesan, y buenos que protegen, se plantea la cuestión de si los malos espíritus son más poderosos que los buenos. No es que el buen espíritu sea más débil, sino que el médium no es lo bastante fuerte para desasirse del yugo del malo. Con un espíritu es preciso luchar, no cuerpo a cuerpo, sino espíritu a espíritu, y en este caso, también vence el más fuerte; sólo que aquí la fuerza está en la autoridad que se puede tener sobre el espíritu, y esta autoridad está subordinada a la superioridad moral.

Esforzarse en ser bueno, ser mejor, si se es ya bueno, purificarse de las imperfecciones, en una palabra, elevarse moralmente lo mas posible: tal es el medio de adquirir el poder de mandar a los espíritus inferiores para separarlos. Entonces, ;por qué los espíritus protectores no les mandan retirar? Sin duda pueden hacerlo, y a veces lo verifican pero ermitiendo la lucha dZ:jan también el mérito de a victoria, para adquirir más fuerza en el bien en esta especie de gimnasia moral dentro de la evolución y superación de nuestras pruebas.

Los malos espíritus se ríen de todo tipo de exorcismos, ceremonias, sortilegios, fórmulas, talismanes, palabras sacramentales o signos materiales algunos, toga o hábitos eclesiásticos; de la falsa creencia de que tendrían algún valor sobre ellos. Repetimos, la única autoridad que les vence es la superioridad moral. Antes de abrigar la pretensión de dominar a los malos espíritus, es preciso dominarse a sí mismo. De todos los medios de adquirir fuerza para conseguirlo, el más eficaz es la voluntad secundada por la oración; la oración de corazón se entiende, y no palabras en las cuales toma más parte la boca que el pensamiento.

Es esta elevación del pensamiento la que puede tener algún valor independientemente de las palabras. Es necesario rogar a nuestro ángel guardiánya los buenos espíritus que nos asistan en la lucha, pero no basta pedirles que aparten a los malos espíritus, es necesario acordarse de esta máxima: “Ayúdate, y el cielo te ayudará”, y pedirles, sobre todo, la fuerza que nos falta para vencer nuestras malas inclinaciones, que son para nosotros peores que los malos espíritus, pues estas inclinaciones son las que los atraen, como la corrupción atrae a las aves de rapiãõa.

Rogar por el espíritu obsesor es devolverle bien por mal, y esto constituye ya una superioridad.

ellos los enfermos. Esfuerzos serios para mejorarse, oración sincera, paciencia para cansar a los obsesores, son los únicos medios de alejar a los malos espíritus. En aquellos casos en que la subyugación aumenta hasta el punto de paralizar la voluntad del obsesado, es cuando se hace necesaria la intervención de un tercero, sea por la oración sea por la acción magnética y siempre por la superioridad moral. Y que lo que una persona no puede hacer sola, muchas personas unidas de intención en una oración, elevación colectiva y reiterada lo pueden y casi siempre, porque la potencia de acción aumenta con el número.

No olvidemos que la obsesión sea del tipo que fuere tiene como fin nuestro mejoramiento moral, (y por esto es permitido), es una prueba en nuestro ascenso evolutivo.